Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila

La colina del silencio

Francisco Javier Lorente Páramo
Crítico de arte

 

Si a cualquier abulense se le preguntara por una plaza silenciosa, poco conocida, algo misteriosa, solemne, céntrica pero apartada y desaprovechada, respondería, sin dudar, que se trataba de la Plaza de San Jerónimo. Es un fenómeno curioso del urbanismo de Ávila que se mantiene años y años con las mismas características y que puede seguir manteniéndose muchos años más, salvo que se imaginen nuevas funciones para la plaza sin perder su nobleza y deshaciendo algún entuerto visual impropio de ella.

Las ruinas del antiguo Monasterio de San Jerónimo, que da el nombre a la plaza, ni son de valor notable arquitectónico sino sólo histórico, ni son románticas, ni son visitadas. Además el tratamiento dado a las ruinas es de expediente y trámite. No han conseguido que la Plaza de San Jerónimo forme parte de ningún paseo turístico. Parece evidente que el fin adecuado de las ruinas del Monasterio de San Jerónimo de noble fachada y solar alargado es convertirlas en auditorio para simposios y conferencias por ser lugar silencioso pero céntrico.

La Plaza de San Jerónimo está rodeada de las mansiones nobiliarias de los Lezquinas y los Gillamas, tiene acceso fácil desde la calle de Duque de Alba y conecta con las plazas de Italia y la de Nalvillos a través de calles con encanto aunque necesitan más atención artística. Además, la romántica Cuesta de Santa Catalina comienza en la Plaza de San Jerónimo. ¿Qué más se puede tener en un lugar de la ciudad?

Ávila considerada Patrimonio de la Humanidad, junto con Segovia, Toledo y Cuenca de la misma consideración, San Lorenzo del Escorial y Madrid constituyen el epicentro de la atracción turístico cultural del interior de España. Ávila necesita para ello espacios para satisfacer demanda cultural creciente en cantidad y calidad.

El Ayuntamiento tiene un espacio céntrico que sólo necesita adecuar para estas necesidades. Con las ruinas del Monasterio de San Jerónimo se pueden conseguir muchos metros cuadrados útiles, dicho en lenguaje prosaico o se puede añadir mucho encanto a Ávila, dicho con visión ilusionada.

La Plaza de San Jerónimo tiene un baldón estético en una esquina que la administración municipal tiene que resolver. La Plaza de San Jerónimo se merece trabajar por ella. Tiene alguna dificultad empequeñecida frente a sus posibilidades. Ávila, ciudad considerada Patrimonio de la Humanidad tiene que tratar cada plaza, cada rincón, cada cuesta, cada vista, cada entorno, cada calle, con soluciones imaginativas, no vulgares ¿Se atiende lo suficiente a los que la soñamos bella y sorprendente?

Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila