Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila

trasera edificio Moneo durante la construcciónEL MERCADO GRANDE REINVENTADO

Francisco Javier Lorente Páramo, 18-02-2004

Crítico de arte

Ha saltado a la prensa local y nacional el malestar en la Unesco por algunas intervenciones, en zonas afectadas por la consideración de la ciudad de Ávila como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, sin la acordada solicitud previa de informes a este organismo. El asunto podría llegar hasta la pérdida de su codiciada consideración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, con el consiguiente desprestigio cultural y quebranto turístico para la ciudad.
No es nuevo el asunto pues desde hace años está anunciado en artículos no valorados ni atendidos por autoridades y arquitectos.

Sin entrar en los móviles volumétricos, y por tanto económicos, de la reinvención del Mercado Grande, certeramente expuestos por otros, y al margen de las cuestiones viales, hay razones para enfrentarse a la agresión innecesaria, estética y emocional, sufrida por la plaza, buscada y recordada por propios y ajenos en su estado anterior. El nuevo diseño no es adocenado, como el de tantas plazas nuevas en barrios nuevos, pero su minimalismo, su cierto deconstructivismo en líneas y alineación de fachadas con declarada intención de huir de lo ortogonal y las líneas de fuga infinitas, conformadas por las vertientes de aguas que surcan la plaza en ángulo con las fachadas antiguas, invitan al cruce de la plaza mas que a su saboreo en quietud.

No obstante lo dicho, y, a pesar de la reforma de Moneo, los abulenses y sus visitantes, con una u otra aceptación de las obras, acudirán a su Mercado Grande pues es el que tienen para convivir y apreciar la reconocida hostelería abulense. Se ha perdido una plaza de estética estática, bella sin pretensiones, acogedora, plana y rectangular, revalidada con sobresaliente por la vida misma, por otra centrífuga, como espacio de paso, y ausente de novedad en el alzado de los edificios nuevos. El estado avanzado de las obras permite decir que las fachadas pueden encuadrarse en una de las tantas variantes de la llamada Arquitectura Internacional, epígono vulgarizado del Movimiento Moderno arquitectónico.


El deseo buscado por Moneo, generalizado entre los arquitectos y traspasado a otros estamentos, es la introducción de la arquitectura moderna en las ciudades antiguas para el contraste de estilos, origen de la belleza de muchas de nuestros pueblos y ciudades, y la afirmación del momento presente, con la soñada aureola de un premio o mención a la genialidad. Nada que objetar sino aplaudir esta noble ambición si se hubiera conseguido sin eliminar nada valioso existente, incumpliendo el espíritu y la letra de todas las vigentes leyes conservacionistas y las condiciones establecidas por la Unesco, y preguntándose si los visitantes de las ciudades antiguas buscan las sequedades arquitectónicas que le agobian en sus ciudades masificadas o anhelan la belleza y el encanto de las ciudades antiguas, modernizadas en sus servicios pero sugerentes en su contemplación por su arcaicismo, valor en sí mismo para muchos de dentro y de fuera, imposible de conseguir para los que no lo tienen y frágil de perder sin remedio. No es asunto a desconsiderar el turismo en la ciudad de Ávila.


La eliminación de la barandilla de bronce del monumento a Santa Teresa es, casi, vesania para los abulenses sensibles y de cierta edad. No es asunto trascendental ni se pretende elevarlo a esa categoría pero es entrañable. El monumento sin barandilla es agudamente piramidal, encaja sin mucha dificultad en la plaza reinventada y había exigencia de situarla en la plaza, pero la barandilla, en su humildad, tuvo peor destino.

El Movimiento Moderno arquitectónico, fecundo en tanto, pero dispar, en su origen y manifiesto, con todos los estilos anteriores, nació sin deseo de ser estilo ni duradero (W. Gropius), con vocación de construir máquinas para vivir (Le Corbusier) y con rechazo expreso al adorno (A.Loos). Al final de su recorrido y comienzo de la arquitectura en el llamado Estilo Internacional, llegó a postular que “menos es mas” (L. Mies van der Rohe), antesala del minimalismo posterior.

Las tendencias y reacciones posteriores aceptaron ser estilos, sin abandono expreso de los citados postulados, y algunas llegaron, como el organicismo, la deconstrución y el Hi-Tech, hasta la exaltación de las formas pero nunca aceptaron el adorno. Por eso fue retirada la entrañable barandilla que, certera y sabiamente, adornaba y acompañaba al monumento en la configuración anterior de la plaza: perturbaba al minimalismo de la plaza reinventada. He citado primero el detalle emocional pero la eliminación del pretil de piedra es más que un detalle.

Adaptado en forma y materiales a la plaza, aumentaba su concavidad, daba largo y cómodo asiento a las familias, delimitándolo de los paseantes, y era original, bello, rectangular y suavemente curvo en esquinas y detalles, incompatible con la angulosidad de la plaza reinventada y, quizá, también, por la barrera que el autor de nuevo proyecto estimara que presentaría a las nuevas edificaciones.

Hay un punto de inflexión en la historia arquitectónica de la humanidad. Un antes y un después de la conciencia histórica, nacida paso a paso pero ahora nítidamente definida. Antes, la arquitectura seguía los ciclos vitales de la necesidad y el gusto. Se derruía, sin sensación de barbarie, una basílica constantiniana para edificar una barroca, y así todo. Se practicaba, radicalmente, sin saberlo enunciar, el funcionalismo primigenio. Ahora, con sentido histórico artístico, escrito con letras de molde en las leyes conservacionistas que la misma sociedad se da en razón de este sentido, es obligado conservar lo que en ellas se establece, aun con cierta merma de la funcionalidad, como ocurre, por ejemplo, con los cascos antiguos de los pueblos y ciudades, por mucho que se quiera evitar. Esto es, las leyes conservacionistas suspenden, en alguna medida y en algunos casos, la ley de la funcionalidad, razón de ser de la arquitectura. No son proclives las autoridades y los arquitectos a tener en cuenta estas leyes, según sus actuaciones e, incluso, según algunas de sus declaraciones, pero la sociedad y las asociaciones en defensa del patrimonio histórico artístico están, y estarán cada vez mas, dispuestos a intervenir en lo que afecta a los intereses y sentimientos de las personas, plasmados en leyes. Con los medios informáticos actuales se pueden presentar vistas que permiten conocer, con mas verosimilitud que con una pequeña maqueta de volúmenes, como en el caso que nos ocupa, el resultado del proyecto propuesto.

La presentación, escueta de medios, de este proyecto no permitió visualizarlo de modo que se pudieran hacer algunas de las preguntas que ahora están en boca de muchos. Sin embargo, algunas se propusieron, como el estilo de las nuevas fachadas, que no fueron contestadas convincentemente. El concurso de reconstrucción del solar donde estuvieron las Torres Gemelas neoyorquinas fué ganado por el arquitecto deconstructivista Liebeskind, después de un largo debate público previo. El Mercado Grande de Ávila se merecía haber tenido el mismo tratamiento, aunque en este caso no se partía de cero y podían ser invocadas las leyes vigentes conservacionistas y los acuerdos con la Unesco y no haber mas debate como resultado del debate.

Ávila ha perdido la oportunidad de tener dos plazas notables. Una existente y consolidada y otra en un barrio nuevo con buena arquitectura actual, deseable y esperable, pero ¡hacerla codeándose con la Puerta del Alcázar era un caramelo demasiado apetitoso para algunos!

Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila