Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila

EL OTRO TESORO DE LOS ÁGUILA

Mª Teresa López


El Diario de Ávila del pasado martes 10 de agosto de 2.004 anunciaba una serie de reportajes sobre las últimas excavaciones arqueológicas realizadas en nuestra ciudad. Vaya por delante nuestra felicitación por estos reportajes que nos acercarán a nuestro pasado y que han comenzado ya con el dedicado a los hallazgos del Palacio de los Águila.

Hoy día todos los sectores sociales admiten (salvo excepciones que responden a intereses por lo general de tipo económico) que cualquier intervención que afecte urbanística o arquitectónicamente a los cascos históricos ha de ir precedida por un detallado estudio documental y arqueológico, que a través de diversas catas, ayude por un lado a la correcta interpretación del espacio o edificio objeto de la intervención, y por otro saque a la luz vestigios ocultos de otras épocas anteriores que clarifiquen y abran nuevas vías de conocimiento.

Sin embargo lo que es difícilmente comprensible y aceptable, es que al mismo tiempo que se descubren restos de viviendas, canalizaciones y otras estructuras, en el mismo lugar del “descubrimiento” se están destruyendo alegremente partes esenciales de casas y palacios cuya recuperación paradójicamente es lo que se pretende, de los que únicamente sólo se conservan Hueco Mosén Rubíelementos vistosos u ornamentales. Y esto en el mejor de los casos, cuando no son eliminados por completo.Tenemos ejemplos muy cerca: Casa de Gaspar de Bullón (Antiguo Instituto de Enseñanza Media), convento de las Gordillas (recuerdo haber visto la pala excavadora derribando parte del edificio), convento de Padre Paúles y casas contiguas y ahora el palacio de los Águila.

Las excavaciones son necesarias, muchas veces imprescindibles para la resolución de problemas y el buen final de la mayor parte de las obras de rehabilitación. Sin embargo creo que es un contrasentido y de muy difícil defensa ante el conjunto de la sociedad actual y de próximas generaciones el empeño por lo arqueológico, que a veces sólo corrobora datos ya conocidos, despreciando y eliminando lo que ya está. De este modo casonas y palacios dejan de serlo para convertirse en estupendos solares, eso sí con las fachadas que sí se conservan como cerramiento de lujo, donde la “arquitectura restauradora destructiva” puede fácilmente mostrar sus “innovaciones”
Ahora que se habla tanto de la memoria histórica, ¿qué quedará de ese palacio de los Águila del siglo XVI tan representativo de la arquitectura renacentista local, con sus espacios, estructuras, muros y forjados, que muchos abulenses conocimos como de la Duquesa de Valencia y de tantos otros? ¿Realmente era necesario perder un edificio que con su mobiliario, cerámica, pinturas y grabados hubiera sido un excelente testimonio de un modo de vida de una nobleza “provinciana”, y un atractivo más para la ciudad a cambio de un flamante Centro de Gestión de Depósitos del Museo del Prado?

 

María Teresa López Fernández

Ávila, 9 de septiembre de 2004


Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila