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La Ciudadanía toma 'El Grande'
el nuevo edificio de 'El Grande'
El estudio-palacio de Guido Caprotti
Lo irrepetible en una visita guiada
Situación del Patrimonio en Ávila
¿Qué estamos haciendo con la Catedral?
Patrimonio histórico y arquitectura destructiva
Ávila, ciudad de todos los estilos
Contenido del Plan Director de cada Catedral
Intervenciones en el interior de las iglesias

Ahora que la ciudad recupera de nuevo la calma y las temperaturas se van suavizando, ahora que el número de visitantes no es muy elevado, invito a los abulenses hagan un esfuerzo de abstracción y sean capaces de ver la ciudad con otros ojos, unos ojos distintos a los que se emplean en la rutinaria vida cotidiana.
Actualmente, por diversos motivos, la oferta turística está más diversificada y ya no sólo es el sol y la playa el punto de destino de muchas personas, ahora es el interior el que está luchando por hacerse un hueco en el competitivo mundo del turismo. ¿Qué puede ofrecer el interior? Indudablemente los puntos más atractivos que puede ofrecer el interior son su gastronomía y su rico patrimonio artístico y monumental. Así, cuando oímos a los viajeros contar las excelencias de los lugares que han visitado no podemos evitar oír comentarios sobre lo bien que han comido y de las cosas que han visto. Dejando aparte el tema gastronómico me quiero centrar en el aspecto artístico y monumental como punto central de mis comentarios.
Si observamos la oferta turística que nos invita a visitar lugares que, hace unos años, nunca se nos hubiera ocurrido visitarlos, vemos como no suele faltar referencias tanto de grandes monumentos como de pequeñas y antiguas ermitas que se han conservado sin apenas sufrir transformaciones, vemos como en los folletos propagandísticos se habla de estilos arquitectónicos, de rutas monumentales, de museos que conservan extraordinarias obras y de un sin fin de información que hace que, cuando nos decidimos a visitar el lugar, estemos provistos de
una extensa información sobre todas las maravillas que vamos a tener la ocasión de contemplar.Con motivo de diversos jubileos, de algún que otro centenario y de la proliferación de exposiciones temáticas o conmemorativas, esta oferta turistíco-cultural, como me atrevo a llamarla, se ha multiplicado durante los últimos años; ahora ya no sólo son las agencias de viajes las que nos incitan a viajar, ahora son también las parroquias, asociaciones de vecinos, grupos de empresas, cofradías y un sin fin de entidades las que nos invitan a visitar esos lugares para nuestro gozo y solaz, y de paso ganar alguna que otra indulgencia, si el evento lo permite. Gracias a estos ofrecimientos hemos tenido la oportunidad de traspasar la Puerta Santa de Santiago de Compostela, hemos conocido el patrimonio cultural de las Diócesis de Castilla y León a través de las exposiciones de las Edades del Hombre, hemos sabido que ha existido un año jubilar en un lugar de Cantabria que se llama Liébana, hemos tenido conocimiento que en León se ha reunido un fabuloso tesoro medieval en la extraordinaria Colegiata de San Isidoro, por citar solo algunas de las numerosas actividades que hemos tenido la oportunidad de realizar.
Así, podemos presumir de conocer ciudades, lugares y monumentos, pero la pregunta que me hago es ¿podemos presumir de conocer también lo más próximo a nosotros?, ¿podemos presumir de conocer nuestra propia ciudad?; la respuesta me la doy yo mismo, creo, sinceramente, que no.
Esta afirmación, que la hago extensiva, la quiero particularizar en Ávila, donde creo que la mayoría de los abulenses no conocen o no saben apreciar el entorno en que realizan su vida cotidiana. Con esto no quiero decir que no se sepa cuales son determinados monumentos y se tenga una información, más o menos extensa, de su historia y sus características, lo que quiero decir es que, a fuerza de ser vistos y de formar parte de nuestra habitual rutina, esos monumentos no los vemos con los mismos ojos que vemos monumentos semejantes en otros lugares. A riesgo de exagerar, un ejemplo que creo sirve como paradigma es cuando se regresa a Ávila por ferrocarril desde Valladolid o por carretera desde Salamanca, la vista de la Muralla, iluminada o no, causa asombro y admiración a los que la ven por primera vez, mientras que para los abulenses, como algo ya visto y conocido, la mayoría de las veces pasa completamente desapercibida; ¿es que a los de Ávila esa vista no les produce también asombro y admiración?, por supuesto que no, lo que ocurre es que es una vista que ya se tiene grabada en la retina y se tiene como algo archivado que solo se saca cuando se tiene necesidad de hacer uso de ella.
Soy de la opinión que, por regla general, los propios habitantes de un lugar no se toman el mismo interés en conocer lo suyo que el que se toman cuando visitan otros lugares, que se esfuerzan en sacar el máximo provecho de un tiempo, por lo general, limitado para conocer cuantas más cosas, mejor. Esta opinión la traslado a los habitantes de Ávila, pero no es el tema que me ocupa principalmente, ya que lo que pretendo es inculcar la idea de ver la ciudad desde otro punto de vista. Para un mejor conocimiento de nuestro arte recomiendo los Cursos de Historia del Arte Abulense que está realizando la Fundación Cultural Santa Teresa y la Escuela Oficial de Turismo de Castilla y León, cursos que recomiendo a cuantas personas estén interesadas en conocer mejor nuestro patrimonio artístico.
Volviendo al tema que me ocupa, creo, sinceramente, que para conocer un lugar no basta tener un conocimiento exhaustivo de su historia y de sus monumentos, hace falta algo más, hace falta aprehender algo tan intangible como puede ser el duende o el espíritu de ese lugar y para ello es necesario calma y tranquilidad, es necesario un esfuerzo de abstracción que nos permita apreciar lo que no apreciamos durante nuestra rutinaria vida cotidiana. Aconsejo pasear por Ávila, pasear, sobre todo, de noche, cuando la ciudad respira paz y sosiego, y si se tiene la fortuna que la noche esté envuelta en una ligera neblina que difumine los entornos y diluya la luz en una atmósfera mágica, el efecto hará que las piedras parezca que cobran vida y sus antiguos habitantes vayan a salir a nuestro encuentro.
Aconsejo pasear por Ávila pero como lo haríamos si estuviéramos paseando por otra ciudad, donde nos causara asombro el descubrimiento de un hermoso rincón o de un imponente monumento. Aconsejo pasear por Ávila como si fuera la primera vez que lo hiciéramos y no supiéramos lo que íbamos a encontrar. Estoy seguro que nos llevaríamos más de una sorpresa.
Cuando salgamos del cine, del teatro o de un concierto, olvidemos la película de la televisión o la serie de turno, aprovechemos la noche y demos una tranquila vuelta por el casco histórico. Seguramente descubriremos algo nuevo, posiblemente sentamos nuevas sensaciones, probablemente nos sorprenda ver algo que estaba ahí, pero se nos había pasado desapercibido.
Cuántas veces hemos pasado por la Plaza de la Catedral y no hemos apreciado el entorno que la rodea; cuántas veces, por atajar, hemos pasado por la calle de la Cruz, aunque me guste más llamarle de la Muerte y la Vida, sin considerar que nos encontramos ante uno de los más hermosos rincones que pueda tener una ciudad que se titule medieval; cuantas veces hemos pasado por el Arco del Alcázar con dirección a la plaza sin fijarnos en la extraordinaria composición que supone la fachada de la románica iglesia de San pedro perfectamente encuadrada en el arco de la muralla; cuántas veces hemos salido de la muralla por la puerta del Rastro y no nos hemos parado un minuto a contemplar, a izquierda y derecha, los lienzos de la muralla; cuántas veces hemos paseado por el Rastro sin percatarnos que estábamos ante un lugar único, con la muralla a un lado y un extraordinario mirador del valle al otro, que difícilmente encontraríamos en otra ciudad; cuantas veces hemos salido por la Puerta del Peso de la Harina y bajado por la calle de los Leales y
no nos hemos fijado en una de las mejores portadas románicas que hay en la ciudad, como es la de la iglesia de Santo Tomé el Viejo, portada que, desde mi punto de vista, debería estar iluminada como están los palacios que la rodean; cuántas veces hemos tenido que ir a la Agencia Tributaria sin percatarnos en el entorno palaciego. Cuántas veces hemos pasado ante monumentos, plazuelas o simples rincones sin prestarles la menor atención, cosa que estoy convencido que sí haríamos si nos encontráramos en otra ciudad, pues, en este caso, estaríamos predispuestos a asómbranos en cuanto nos dieran la mínima ocasión para hacerlo. En definitiva, cuántos rincones, cuántas perspectivas, cuántos matices se nos han escapado por el simple hecho de no haber prestado la suficiente atención ante algo que suponíamos conocer de antemano. Serían innumerables los ejemplos que se podrían poner, pero creo que los expuestos son suficientes para dejar clara mi opinión respecto a como se ve la propia ciudad.Mención especial merece el paseo por el adarve de la Muralla. Hasta hace muy poco tiempo, la única posibilidad de acceder al adarve de la Muralla o, dicho de una forma más popular, de subir a la Muralla era por la Plaza de Calvo Sotelo, acceso, por otra parte, muy poco frecuentado por los abulenses, bien por estar largo tiempo cerrado o bien por tener que pagar por la subida.
Indudablemente, la vista desde este tramo de la Muralla que se podía visitar proporcionaba una panorámica del Valle Amblés sumamente atractiva, siendo este uno de los motivos principales por los que, sobre todo, los abulenses se decidían a subir a la Muralla. Desde la apertura de un nuevo tramo en el lienzo este, desde la Casa de las Carnicerías, nuevo punto de acceso, hasta el Palacio de los Águila, la demanda por parte local ha aumentado, gracias, por una parte, a la divulgación realizada por el Ayuntamiento y, por otra, a los cambios culturales que se están produciendo entre los abulenses. La oferta para subir al adarve de la Muralla se va a ver muy pronto incrementada, en una primera fase, al abrirse un nuevo tramo en el lienzo norte, comprendido entre el Palacio de los Águila y la Espadaña del Carmen que, junto a una segunda, que posibilite un nuevo acceso por la Plaza de Concepción Arenal, permitirá disfrutar de un largo paseo por el adarve para poder, de esta forma, disfrutar de panorámicas y perspectivas, hasta hora, inéditas para la mayoría de los abulenses. Paseo que espero se complete teniendo la oportunidad de transitar por el Cimorro de la Catedral, que, se quiera o no, forma parte del entramado defensivo de la Muralla. Para ello, pido a los responsables que corresponda hagan un esfuerzo para llegar a un acuerdo que permita el libre tránsito por el Cimorro de quienes suban a la muralla por cualquiera de sus accesos. Creo que, cuando esto se consiga, la ciudad y, sobre todo, los abulenses habremos ganado, por fin, la Muralla para nuestro disfrute.
Al hilo de mis anteriores comentarios, invito a los abulenses que tengan la oportunidad de realizar este impresionante paseo por el adarve, no dirijan su vista solamente hacía el exterior, que la dirijan también al interior y aquí, también estoy plenamente convencido, se llevarán más de una sorpresa. En este caso no será necesario hacer ningún esfuerzo de abstracción para descubrir una nueva ciudad, pues, lógicamente, desde las alturas verán “otra” ciudad, descubrirán nuevas perspectivas, percibirán nuevas emociones, lo que seguro hará que, cuando se visiten otros lugares, la ciudad de Ávila esté en la mente de todos.
En definitiva, que intentemos conocer mejor nuestra ciudad, pero no un conocimiento meramente académico, que sea un conocimiento desde los sentidos y, para ello y desde mi punto de vista, es necesario pasear, pasear tranquilamente por Ávila.
Finalmente quisiera recordar que el Plan de Excelencia Turística, operación emprendida por el Ayuntamiento para la promoción turística de Ávila no sólo tiene que ir encaminado a promocionar Ávila como destino turístico, tiene que ir también dirigido a que todos los abulenses conozcan y participen de los diversos proyectos que se realicen en este sentido. De hecho, los abulenses tenemos el acceso gratuito de subir y disfrutar de las visitas guiadas y teatralizadas de la muralla, así como la promesa de disponer de un carné que nos permita ejercer de abulenses en cuantas iniciativas de tipo cultural tome el Ayuntamiento.
Aprovechémoslo