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Me refiero a ese muñón urbano, junto a la Puerta del Alcázar, que en los planos figura con el nombre de Plaza de Calvo Sotelo.
Producen fascinación las ciudades antiguas que, de forma casual, emocionan con sus encuentros y deslumbran con sus vistas siempre diferentes, nunca vulgares, muchas veces sorprendentes. Crear formas nuevas bellas es tarea ardua, obra de soñadores en momentos de inspiración, pero en las ciudades históricas, y Ávila es una de ellas, las formas bellas, producto del azar, se suceden en un rosario continuo como si fuera gratuito el crearlas. Pero si en el rosario hay misterios gozosos también los hay dolorosos. Desgraciadamente, en estas ciudades, hay algo por lo que sufrir: casas vulgares del incipiente desarrollismo, injustamente alineadas al caserío antiguo, jardines “recortaditos” y “modernitos” en plazuelas y rincones medievales, ventanas y puertas en aluminio blanco y otros desastres estéticos.
El solar del Alcázar derruido es una herida sin curar, es un fracaso urbanístico, es una llamada continua al orden estético ciudadano y es un baldón para Ávila, considerada ciudad Patrimonio de la Humanidad.
El solar del Alcázar derruido me interroga siempre a su paso, me exige una solución, me la pide a gritos. En tiempo de relajación me aparecen ideas de débil consistencia. La solución vegetal se hace encontradiza pero no es un lugar para jardín ni menos para “jardincito”. Lo que hay ahora es pobre y no llena el espacio. El lugar pide más empaque. El abeto no es árbol de la zona y no es de forma escultórica como los árboles de copa redonda y hoja caduca que han embellecido y siguen embelleciendo plazas, alamedas, campos y ermitas de la España seca.
El solar exige más pues, como si fuera humano, recuerda el esplendor que tuvo y perdió. El nombre de plaza dado al solar del Alcázar derruido encubre el delito histórico artístico de eliminar el edificio militar más importante, asociado a la muralla, de una ciudad defensiva. El solar del Alcázar derruido nunca ha sido aceptado como plaza porque no es lugar para ello y está al lado del Mercado Grande de arraigo consolidado. El delito histórico artístico se hizo para que luciera el edificio del Banco de España, eliminando totalmente el solemne Alcázar. Ávila se quedó sin su Alcázar y desdentada pero el edificio del Banco de España, de adocenado estilo histórico clasicista, es ignorado por todos los paseos turísticos.
Resucitar a un muerto es imposible salvo que sea por milagro. Rehacer un edificio es posible si se conservan sus piedras y hay recuerdo de él. Datos del Alcázar existen pero no sé si se conoce el derrumbadero donde se arrojaron las piedras. Sin embargo, con el conocimiento de formas, volúmenes y materiales se podría hacer un edificio contextual con el entorno, que recordara volúmenes del Alcázar sin imitarlo y que cerrara el espacio para recibir la sensación de ciudad al traspasar la Puerta del Alcázar, respetando la calle de acceso al Banco de España y su fuente. Como el diseño de este edificio contextual tendría muchas posibilidades de no ser aceptado por historicismo o por modernismo o por purismos arquitectónicos, se podrían soslayar estas dificultades construyendo un edificio provisional, más libre, por tanto, de censuras, que ocultara los actuales paramentos poco nobles, alineados con la puerta, y que, a modo de ensayo, preparara la solución definitiva, quizá, no cercana. Además, el Ayuntamiento dispondría de un generoso espacio cubierto para sus tareas administrativas.
Ávila no se merece ni tener un solar, que no plaza, en la parte más noble de su casco antiguo, ni seguir desdentada. No es propio de una ciudad como Ávila, considerada Patrimonio de la Humanidad.
18-02-2004