Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila

URBANISMO PRECIPITADO

Francisco Javier Lorente Páramo

En el libro “Ávila y Alfonso Querejazu”, acogido generosamente por el Ayuntamiento de Ávila, impulsado por el Instituto Municipal de Cultura y prologado por el anterior alcalde D. Agustín Díaz de Mera y el anterior obispo D. Adolfo González Monte, se narra la estancia en Ávila del ilustre diplomático boliviano, políglota, ilustrado, conocedor del mundo y abulense de adopción, D. Alfonso Querejazu, profesor del Instituto de Enseñanza Media, que terminó sus días, según su deseo, en Ávila después de haberse ordenado de sacerdote y ejercer como tal, ser profesor del Seminario Diocesano y patrocinador de las Conversaciones de Gredos, de amplio eco nacional y frecuentadas por José Luis López Aranguren, Julián Marías, Luis Rosales, Gregorio Marañón, Xavier Zubiri y la intelectualidad de la época hasta la transición.

En la pag. 50 de este libro hay unos párrafos sorprendentes sobre D. Alfonso Querejazu. Dicen así: “En 1962 asume la responsabilidad de una colaboración semanal en el diario YA.. También en este diario hará una defensa del edificio material del monasterio de S. José, vulgarmente llamado Las Madres, que en aquel momento corrió gran peligro de ser derruido por el proyecto de hacer una gran avenida que enlazase directamente la carretera de Madrid con el Mercado Grande”. Luego sigue diciendo: “El peligro de derruir el monasterio se superó cuando, por insinuación de D. Alfonso, un grupo de hispanistas e intelectuales franceses publicó un manifiesto en la prensa nacional. Ante el clamor de estas voces foráneas, muchos se percataron del magnicidio. Las supremas autoridades de la nación se asustaron ante el eco en el extranjero de tal iniciativa y ésta fue parada”.

Terminada la trascripción literal de los párrafos del libro, es fácil imaginarse la “iniciativa”, como dice en el original. Las autoridades municipales pensaron, precipitadamente, en la comodidad para los pocos coches y autobuses de esa época, sin consideración al destrozo que sería para el entramado urbano y a la pérdida del patrimonio arquitectónico civil y religioso, éste de gran importancia mística, histórica y emotiva. Además, sin saber que los atascos automovilísticos ya se producían en el mundo desarrollado y que todo llega a España con algo de retraso, cada vez menor, lo cual anularía la buscada comodidad de la “iniciativa” devastadora.

Los abulenses tuvieron, entonces, más suerte que los de ahora, pues las autoridades hicieron caso a las razones de los intelectuales franceses y a las de un ilustre boliviano, D.Alfonso Querejazu.

Habrá que acudir a pensadores foráneos para evitar nuevos daños al patrimonio cultural de Ávila pues los nativos no han sido escuchados sino rechazados con silencio, incluso con encono, en recientes y dolorosos casos de diversa índole, a pesar de ser académicos de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes, catedráticos de universidad y profesores de arte, críticos de arte, miembros de asociaciones en defensa del patrimonio cultural, y amantes, nada más y nada menos, de su Ávila entrañable.

Así pues, sugiero, expongo y propongo que para asuntos de patrimonio cultural se consulte a personas, relacionadas con la cultura, procedentes de países nuevos de poco acervo histórico. Como extranjeros se les haría caso y valorarían todo, incluso lo que aquí se ha despreciado, y se sigue despreciando e, incluso, se ha maltratado y se sigue maltratando: conjuntos históricos consolidados, fuentes con encanto, vistas panorámicas sugerentes, pretiles de piedra labrada, retablos dorados, etc. ¿Hay alguien que lo dude?

Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila