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Termina la restauracion del sepulcro de San Vicente, 05 de Dic 2007
La última actividad programada de nuestra asociación fue una visita al Monasterio de Santo Tomás, en la que contamos con dos de nuestros más preciados socios comos "guías" de excepción: Serafín de Tapia y Emilio Rodríguez Almeida.
Desde esta modesta tribuna aprovechamos la ocasión para reiterarles nuestra gratitud por su amena y profusa exposición. De igual modo, expresar también nuestra gartitud a la comunidad dominica por su amabilidad y atención.
El convento se distribuye en dos plantas con tres claustros. El primero de ellos, más sencillo (también con mayor encanto por su recogimiento) es el del Noviciado. Le sigue el del Silencio, con bóvedas de crucería, el más decorado de los tres claustros, del que nace una escalera de granito del XV que da acceso al coro. El claustro de los Reyes es el mayor de los tres con clara diferencia, y fue el patio del Palacio Real. En él pudimos ver, en unas dependencias del Palacio que están actualmente restaurando miembros de nuestra asociación, arcos y dinteles con rica decoración mudéjar.
Debemos la fundación del Monasterio al tesorero de los Reyes Católicos, Hernán Núñez de Arnalte, el cual, a través de su esposa María Dávila, y de fray Tomás de Torquemada, realizó la dotación pertinente para la fundación de un convento de dominicos en Ávila.
El proyecto inicial, menos ambicioso de lo que resultó al término de la obra, comenzó en 
1482, bajo la dirección de Martín de Solórzano y con los donativos dispuestos por Don Hernán.
Las obras duraron hasta 1493, con las aportaciones económicas otorgadas por los Reyes Católicos, los cuales eligieron este monasterio como residencia de verano y para ubicar el enterramiento del heredero de la corona, el príncipe Don Juan.
En nuestra visita pudimos acceder al altar mayor, que se encuentra elevado casi a nivel del coro, y debajo del cual se encuentra la sepultura del Príncipe Don Juan, obra del italiano Doménico Fancelli. Allí asistimos a los comentarios que sobre el extraordinario retablo de Pedro Berruguete nos hicieran nuestros guías, además de otras consideraciones sobre el autor y las circunstancias políticas y sociales en que se realizó la obra .Accedimos a la iglesia tras cruzar el amplio atrio. Una vez allí pudimos apreciar la decoración de la fachada, rematada por un gran escudo de los Reyes Católicos, y en la que están siempre presentes las granadas (que vamos a encontrar luego en todo el Monasterio), así como otra simbología típica de este reinado: el yugo y las flechas.(Ysabel y Fernando).
También es destacable la decoración de otros elementos de la fachada, como las figuras de piedra caliza que flanquean la puerta de acceso a la iglesia (y en las que aún se advierten restos de su antigua policromía),o incluso la propia puerta, rematada por clavos de la época, en general bien conservada y de notable interés.
Por último, pudimos acceder al recientemente restaurado coro, formado por setenta y tres sillas labradas en nogal.
La visita resultó francamente interesante, y pudimos descubrir aspectos inéditos sobre este
desconocido y sin embargo tan notable Monasterio abulense.