|
|
el Botánico > Carta Abierta a la Ciudadanía |
|
|
Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en las antiguas pistas deportivas del Botánico han sacado a la luz elementos realmente valiosos y significativos de la historia de la ciudad. El hallazgo de los restos del convento de San Agustín, donde residió y fue enterrado Fray Luis de León, el Colegio de Cuenca o la Calle Mayor de la Judería, justifican sobradamente la excavación realizada y plantean la necesidad de buscar una solución que garantice la conservación de estos restos encontrados. A la vista de los hallazgos, resulta evidente, tal y como recoge la Carta de Cracovia en su apartado número 5, que no se deben destruir los posibles restos de otras construcciones situadas en niveles más bajos y correspondientes a otras épocas. Aunque no hay grandes evidencias sobre los mismos, la importancia de lo aparecidos hasta ahora desaconseja cualquier actuación agresiva que destruya irremediablemente el subsuelo de dicho solar. La ciudad cuenta con muy pocos restos arqueológicos de importancia. Destruir los que van apareciendo es no sólo una barbaridad, sino un expolio a todos los salmantinos. Preservar los restos encontrados en el Botánico es una imperiosa necesidad a la que no puede renunciar Salamanca. La Universidad de Salamanca, foco cultural de primer orden, debe dar ejemplo de respeto a la historia y al patrimonio histórico de la ciudad. Las actuaciones llevadas a cabo por la Universidad en zonas aledañas no ha sido precisamente un modelo de ese respeto que demandamos. La construcción de la biblioteca "Abraham Zacut" acabó con toda la estructura estratigráfica excavada, en contra de las sugerencias de los arqueólogos, que defendían la conservación de una parte de los mismos, para que se pudieran estudiar en un futuro. El aparcamiento subterráneo de la calle Balmes también destruyó el tejido urbano encontrado, dejando unos restos desubicados, inconexos y que no dicen absolutamente nada. La decisión de actuar en zonas de la ciudad donde se conoce sobradamente la existencia de restos arqueológicos pone en evidencia una cierta falta de sensibilidad por parte de los responsables de las instituciones. Existen ejemplos notorios en otros lugares de España, como la Plaza del Castillo, en Pamplona, o la Plaza Mayor, en Écija, donde el empecinamiento de las autoridades en construir sendos aparcamientos subterráneos ha llevado a la paralización de las obras, inmersas en procesos judiciales que se antojan interminables y que, en todo caso, generan unos conflictos innecesarios y nada beneficiosos para los ciudadanos. Este tipo de actuaciones suelen plantear más problemas que soluciones, por lo que no se entiende el empeño en incidir en estos lugares tan delicados. Resulta ejemplar la decisión del Ayuntamiento de Zaragoza de renunciar a la construcción de un aparcamiento subterráneo en el paseo de la Independencia al aparecer el arrabal musulmán de Sinhaya en su subsuelo. Casualmente, ha coincidido en el tiempo un situación similar a la de Salamanca en la ciudad de Barcelona. El proyecto de construcción de la Biblioteca Provincial en el antiguo mercado del Born ha sacado a la luz los restos de la Barcelona arrasada por las tropas de Felipe V en 1714. Este descubrimiento ha generado un amplio y rico debate entre arqueólogos, historiadores, políticos y ciudadanos sobre la conveniencia de conservar los restos, construir la biblioteca o tratar de compatibilizar ambos temas. Este debate, tan necesario como positivo, aparece reflejado ampliamente en los medios de comunicación, contribuyendo a conformar la opinión pública. Todo ello contrasta con la "paz de los cementerios" que domina la sociedad salmantina, tan remisa a establecer debates sobre los temas que afectan a la ciudad. Especialmente sangrante es el hecho de que se vaya a financiar con fondos europeos la destrucción de una buena parte de los restos arqueológicos existentes en la parcela, algunos ni siquiera excavados. Cuando el dinero procedente de Europa debería estar destinado al desarrollo del país, con el fin de conseguir un nivel de vida similar al de las naciones más avanzadas, observamos, con estupor, que estos fondos se dedican también a destruir el patrimonio histórico de la ciudad, algo que debería abochornar a los responsables de esta decisión, máxime teniendo en cuenta que Salamanca cuenta con la distinción de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. El patrimonio histórico es un bien que pertenece a toda la Humanidad, la pasada, la presente y la venidera. No puede ser utilizado como mejor nos plazca, atendiendo sólo a criterios limitados en el tiempo o a supuestas necesidades que se pueden resolver en otros lugares y de otras maneras. Como ciudadanos respetuosos y responsables, tenemos el deber y la obligación de transmitir a las generaciones futuras todo aquello que supone un hito en la historia de la ciudad. Por todos estos motivo, solicitamos a las autoridades competentes (Universidad de Salamanca, Ayuntamiento de Salamanca, Junta de Castilla y León) que busquen la solución más adecuada para mantener los restos arqueológicos encontrados, respetando los principios de autenticidad, identidad y conservación establecidos por la Carta de Cracovia del año 2000. Salamanca, a 24 de Mayo de 2002. |
|