En el Cerro de San Vicente tiene lugar el primer asentamiento humano, en la Primera Edad del Hierro. Se trata de un pequeño poblado habitado de manera ininterrumpida entre los siglos VII y IV a. de C., situado y caracterizado de forma estratégica por el río, sus reducidas dimensiones y la defensa natural.
El germen de la ciudad antigua de Salmantica era una superficie de dos hectáreas. La superposición de distintos poblados a lo largo de los siglos ha formado importantes depósitos estratigráficos.
El poblado tenía una importante defensa natural con escarpes rocosos a excepción del flanco noreste, donde se fortificó una muralla terrera de dos metros de anchura, base de mampostería de pizarra con arcilla sobre grandes bloques de arenisca en un trazado arqueado de 90 metros de longitud.
El caserío era un conjunto de viviendas familiares desordenadas que generalmente tenían dependencias auxiliares anejas. El entorno de cada vivienda era espacio público o calle junto con depósitos de basura.
Los pobladores se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, sus viviendas eran mayoritariamente de planta circular u oval y excepcionalmente rectangulares. De 4,5 a 6,5 metros de diámetro, muro de adobe y tapial sobre tierra, cubiertas cónicas de entramados vegetales y postes de disposición concéntrica. Los suelos son de arcilla endurecida con capas de preparación que incluye mantos arcillosos mezclados con gravas de arenisca machacada, lajas de pizarra y adobes. Junto a las paredes de la vivienda se dispone el banco corrido, frente al umbral orientado al este-sureste. Los paramentos recubiertos por un enlucido arcilloso decora con estucos pintados con motivos geométricos en rojo, negro, blanco y amarillo.
Las dependencias auxiliares son estructuras menores de diámetros reducidos (1 a 3 metros) utilizadas como almacenes, graneros u hornos.
En el siglo IV a. de C. este poblado rebasa el límite marcado por su cerca defensiva y se extiende hasta el Teso de las Catedrales, núcleo principal de Salmantica.
Convento de San Vicente: Situado en lo que hoy -y en su recuerdo-es el cerro de San Vicente, perteneció a los Benedictinos y fue el monasterio más antiguo de los fundados en Salamanca. Fue destruido en alguna de las incursiones de los árabes y restaurado hacia 1143 con Alfonso VII por el venerable Pedro, abad de Cluny, abadía a la que perteneció hasta 1504. Tuvo un fuerte peso en la ciudad de Salamanca, siendo su prior regidor nato del Concejo' según el Fuero', y durante el s. XVII sufrió importantes modificaciones y renovación en su estructura, llegando a ser una de las tres maravillas de Salamanca. En los primeros años del s. XIX los franceses hicieron de él su principal defensa -el fuerte' de San Vicente-- y entre la adaptación como edificio defensivo, los bombardeos consiguientes y la explosión del polvorín' de 1812, pasó a formar parte de los Caídos'.