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Piedras húmedas

Bajo el entorno del Palacio de Monterrey y la huerta de las MM. Adoratrices transcurre una alberca que sigue por la Vaguada de la Palma hasta el río. Esta conducción de agua recibe afluentes desde el Campo de San Francisco.

Las últimas urbanizaciones, realizadas hace muy pocos años, basadas en pisos de grandes losas de granito con adoquines cogidos con cemento así como la ausencia de un mayor número de árboles y adecuados impide la salida de la humedad, del vapor y la transpiración del agua del subsuelo.

La única salida que tiene el agua es por todas las paredes, de todos los monumentos que son de piedra de Villamayor. Esta piedra es una compactación de arena o mejor dicho, que con el contacto con el agua se deshace, o aún más claro: se disuelve como un terrón de azúcar (pero sólo se deshace).

Durante los meses de invierno el suelo de la iglesia del convento de Las Úrsulas esta encharcado. En el interior de la iglesia hay bases de columnas y ornamentos deshechos por el reblandecimiento que el agua provoca en el interior de los bloques de piedra. Se rompe el contacto entre los granos de arena por interposición del agua.

convento de San Francisco, calle Ramón y Cajal

La humedad se ‘come’ la frÁgil piedra de la iglesia de la Vera Cruz

Las aguas subterráneas, el granito artificial y la tala de los olmos afectados de grafiosis, los edificios se han quedado ‘sin defensas’

Pequeños montones de arenilla se acumulan cada mañana alrededor de la iglesia de la Vera Cruz y del convento de las Úrsulas.

Tribuna, 24 – X - 2005

El deterioro de los bloques bajos de piedra de Villamayor –que parecen una esponja– es evidente y basta pasar la mano por ellos para comprobar cómo se desprenden en minúsculas partículas doradas. El interior de la iglesia está en peor estado aún: capiteles sin relieve, altares blanquecinos por la humedad, paredes abombadas por hongos bien visibles, grietas a troche y moche y decadencia generalizada, pese al esmero y la limpieza con que las monjas miman a diario las viejas piedras. La temida corrosión Y es que el subsuelo de toda esa zona –delimitada por el palacio de Monterrey y las Adoratrices– es como una gran alberca natural cuya humedad se filtraba, hasta la última remodelación de la zona, a través del pavimento de canto y arena que cubría las calles desde tiempos pretéritos. Con la instalación de un firme de granito artificial y la tala de los olmos afectados por la grafiosis, el entorno de las Úrsulas se ha quedado sin defensas, a decir de los expertos, y la humedad va a parar directamente a la frágil piedra de Villamayor de los edificios, ya que el granito artificial no transpira y no hay árboles suficientes para recogerla. En verano la corrosión es menos ostensible, aunque se puede hacer la prueba pasando una mano por los muros para ver caer la arenilla. En invierno la humedad se transforma en agua que se ve perfectamente, en forma de charcos, en el suelo de la iglesia. Han desaparecido las bases labradas de las columnas y muchos ornamentos platerescos de los altares. Las consecuencias no sólo la sufre la Vera Cruz; también se detectan problemas en la iglesia de la Purísima y la de Santa María de los Caballeros, de quien los más agoreros dicen que tiene los días contados si no se drena la alberca que hay bajo sus cimientos. La Asociación de Ciudadanos para la Defensa del Patrimonio asegura que la situación no es buena. «No se trata de ser catastrofista ni de alarmar a la población, pero a este paso unos edificios que datan de cinco siglos atrás no van a seguir en pie cien años más».

A juicio de esta organización, el granito artificial instalado en muchas calles del centro histórico impide que la humedad se filtre, porque es un poderoso aislante. «Esta situación, unida a la escasez de zonas verdes y árboles, o incluso espacios con tierra común que permita recoger la humedad, hace que ésta se expanda por las esponjosas piedras por lo que, teniendo en cuenta el arroyo que discurre por el subsuelo, el mejor material para evitar el deterioro en los monumentos es la piedra de canto y arena, amalgamada con un poco de cemento, que permite la transpiración». La solución pasa, en su opinión, por poner desagües en el perímetro del templo, lo mismo que se ha hecho recientemente en San Juan de Sahagún, que padecía un problema similar. La opinión de los expertos Uno de los trabajos que aparecen en el ‘Estudio de las alteraciones y tratamiento de la piedra de Villamayor’, editado por la Universidad de Salamanca en 1984 y dirigido por María Ángeles Vicente Hernández, señala que el método para conservar monumentos arquitectónicos consiste básicamente en eliminar las causas que producen la alteración y consolidar la piedra alterada. En el caso de la arenisca y la humedad que asciende al suelo por capilaridad, se puede tratar «mediante drenajes exteriores que recogen y eliminan el agua que actúa sobre el muro; a través de ventilación mediante la introducción de piezas cerámicas o de plástico en la base de los muros, para producir su aireación o con el procedimiento de electro ósmosis». El estudio señala también que la eliminación de filtraciones se puede llevar a cabo con una adecuada evacuación del agua de lluvia y una correcta disposición de los elementos que forman la cubierta, como limas y canalones. Un tercer método de corrección sería el sellado de juntas y uniones de los sillares que forman el muro, por donde el agua penetra sin que pueda ser eliminada.

«El convencimiento de que la piedra es para siempre, es falso»

Vicente Rives Profesor Profesor de Química Inorgánica presta sus servicios a diversas empresas para solucionar problemas de resistencia de materiales.

Los fenómenos que afectan a la superficie de la piedra de los monumentos, la conservación y prevencion del patrimonio es quizá la faceta que resulta socialmente más cercana del trabajo que realiza el profesor del departamento de Química Inorgánica, Vicente Rives.

Tribuna, 28 - II - 2005

La ausencia de árboles y el piso de granito ponen en peligro el entorno de Las Úrsulas

Tribuna, 2 - IX - 2002

La urbanización con grandes placas de granito, los adoquines cogidos con cemento y la escasez de árboles impide que la alberca que pasa por el entorno no transpire la humedad que produce. Sólo la piedra de Villamayor de las paredes de los monumentos absorbe el agua que a la vez descompone la piedra en arenilla.

Desde la Asociación proponemos un mayor uso del canto rodado cogido con arena y la plantación de un mayor número de árboles (adecuados) así como liberar más a los monumentos de estar rodeados de una roca como el granito.

Desde nuestra Asociación consideramos un error la práctica del urbanismo del granito y el cemento que no es propio de una ciudad como Salamanca, es una pérdida muy grave de nuestra identidad.

Proponemos la utilización de los cantos rodados cogidos con arena, impidiendo la actual impermeabilización y permitiendo una mayor filtración del agua hacia el exterior por el suelo. En vez de por las paredes de piedra de las que continuamente se está desprendiendo arenilla. También sería muy conveniente plantar árboles, adecuados a los olmos de la memoria, pero también adecuados por las propiedades y fisonomía de sus raíces, consiguiendo la mayor absorción posible