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30/11/2011

Las Ciudades Patrimonio hacen mal vertiendo insinuaciones contra grupos de presión innominados y la prensa

(Editorial, HOY,  http://www.hoy.es)

Los integrantes del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad
de España aprovecharon la celebración el pasado fin de semana
de su asamblea ordinaria en Cáceres para aprobar un manifiesto
con el que pretenden, según señalan en nota de prensa, «defender
la toma de decisiones de los alcaldes en sus respectivas ciudades
ante el ‘acoso’ de ciertos grupos de presión y los ataques infundados
que se reciben desde ciertos organismos». El primer punto
del manifiesto intenta consagrar una insólita relación directa entre
la preocupación por el patrimonio de los respectivos alcaldes,
elegidos por las urnas, y el respaldo que garantiza cada una de las
actuaciones que realizan en sus ciudades, como si la obtención de
la respectiva alcaldía pudiera significar un aval que bendijera lo
acertado y beneficioso de todas sus decisiones y excluyera, por ese
mismo hecho, cualquier error o la posibilidad de otros controles y
contrapoderes, imprescindibles en toda sociedad democrática.
Aspirar a un estado de cosas en que tras la elección de los respectivos
alcaldes la responsabilidad social consista en esperar los frutos
de su amor por la ciudad (que se da por supuesto, comoel valor
a los soldados) sin discrepar o sin recurrir a las instancias legales
correspondientes es una propuesta poco edificante.
Mejor sería que los responsables de las Ciudades Patrimonio
de la Humanidad, en vez de arremeter a través de generalidades
y sin dar un solo nombre contra esos «grupos de presión» a los que
acusan de ampararse en las siglas de la UNESCOpara «poner en entredicho
las decisiones» de sus ayuntamientos, declararan gallardamente,
obviando esas insinuaciones abstractas en un manifiesto,
quiénes, en qué casos y por qué motivos han cuestionado sus
decisiones de padres amantísimos de la ciudadanía.
Por si fuera poco, en elmanifiesto se arremete también de manera
genérica contra los medios informativos, a los que se presenta
como unos irresponsables dispuestos a dar «apoyo mediático» a
las críticas «sin verificar la credibilidad de las fuentes» y generando
«alarma social entre los vecinos». ¿Se han olvidado los ilustrísimos
señores alcaldes que además de las vías periodísticas oportunas
existen los tribunales cuando se consideran lesivos los contenidos
de una información? ¿No es eso mismo lo que ellos piden
para sus actuaciones en caso de indicio de delito?
Quizás debieran solicitar, en vez demayor comodidad y miradas
más laxas hacia la gestiónmunicipal, una mayor preocupación
por parte de todas las instituciones y colectivos ligados a la protección
del patrimonio a fin de garantizar que no se cometan, precisamente,
atropellos irreversibles y se dilapide la herencia recibida
por generaciones anteriores. Cuanto más compleja, mejor valorada
será la gestión política. Y enmateria de patrimonio, donde
ha costado tanto tiempo y esfuerzo dar pasos hacia la sensibilidad
general, no conviene jugar a aprendices de brujo. Los experimentos,
con gaseosa. En estas partidas no sobra nadie. En todo caso,
parece razonable solicitar agilidad a la UNESCO en la respuesta a
sus informes y que estos se presenten suficientemente argumentados
o motivados. Pero ni un paso más. Todos los controles vinculados
a ese organismo dependiente de laONUdeben no solo respetarse,
sino promoverse y agradecerse por lo que tienen de contribución
al bien común, a la defensa del patrimonio de todos.
 
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